Una bendición sin límites

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Después de trabajar durante diez años para la misma empresa, Antonio decidió que era el momento de cambiar. Él llegó por primera vez a Johannesburgo como refugiado durante la época de la guerra civil en su país de origen. Como extranjero, se sintió en desventaja en Sudáfrica, y proveer para su esposa y tres hijos llegó a ser un desafío. A menudo se preocupaba de que no hubiera suficiente dinero para la comida y el transporte.

“Apenas podía pagar mis propios gastos”, dijo Antonio. “La forma en que vivía no era nada buena”.

Durante años, Antonio soñó con iniciar su propio negocio, pero sus dudas e inhibiciones le impidieron desarrollar la idea. Sin embargo, después de asistir al Taller de autoempleo que organizó el especialista de empleo de su barrio, todo cambiaría. El taller que se preparó especialmente para personas que buscaban iniciar un negocio, inspiró a Antonio a poner su idea en acción.

“Una de las cosas que aprendí en el taller es seguir con las ideas, hacer lo que se tiene en mente y por lo que se ha orado”, dijo.

En el taller se preparó a Antonio para presentar su idea de negocios de manera profesional por escrito y verbalmente ante los dueños de la empresa. El especialista de empleo le hizo un seguimiento a Antonio para asegurase de que él estuviera tomando las medidas necesarias para alcanzar su objetivo.

“Nunca estudié negocios en la escuela, pero el Taller de autoempleo me dio alguna formación”, dijo. “Después de asistir al taller, estaba preparado”.

La empresa en la que Antonio trabajaba vendía bolsas de la China; sin embargo, algunas veces el suministro era tan escaso que no había bolsas para vender. Antonio se dio cuenta de una necesidad inmediata. Puesto que Antonio era experto en costura y había estudiado diseño de moda, sabía que podía crear un negocio para suministrar a la empresa las bolsas que ellos necesitaban. Antonio escribió una carta a la empresa explicando su idea, y ayunó y oró para que la aceptaran.

Le dio la carta a su director, y ésta pasó a través del escalafón corporativo. Finalmente, a Antonio se le llamó a una reunión especial para que presentara su idea a los dueños de la empresa.

“El taller me dio el valor de dialogar con gente importante como presidentes y directores”, dijo. “¡Usted no debe tener miedo, proponga su idea y espere el resultado!”.

Después de muchas reuniones y el proceso para tomar la decisión, la empresa le dio a Antonio un período de tres meses de prueba para iniciar su negocio. Si él tenía éxito, ellos le darían un contrato.

“El primer mes estuve un poco temeroso”, dijo. “Pero otra vez: puesto que me preparé, ahora estoy listo”. “No tenía duda alguna y sabía que esto iba a funcionar”.

Después de que Antonio demostró que él podía administrar su propio negocio, la empresa estuvo de acuerdo en aceptarlo como un proveedor permanente. Dos años más tarde, Antonio suministra “todo lo relacionado con costura” y está ayudando a que la empresa aumente sus ganancias en forma drástica; está ganando más clientes y su negocio sigue creciendo. Ahora tiene cinco empleados y seis máquinas de coser para estar al día con todo el trabajo.

La vida de Antonio cambió mucho desde que comenzó su propio negocio. Él tiene suficiente dinero para pagar sus cuentas y está planeando comprar una casa. También tiene la libertad de fijar su propio horario, que le da más tiempo para dedicarlo a su familia. Debido a su éxito, Antonio planea ampliar su empresa abriendo una oficina en Johannesburgo y lanzando su propia marca.

 “Estoy muy feliz con el Taller de autoempleo”, dijo. “Sé que todo lo que está sucediendo es gracias a la confianza que tuve en el Señor. Es una bendición, una bendición sin límites”.

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