La entrañable misericordia del empleo

En los Servicios de Recursos de Empleo SUD (LDS Jobs) te ayudaremos a obtener un empleo remunerado a través de la formación académica y la red de contactos con empresas locales.

Llevaba desempleado desde el 15 de abril. Buscar trabajo en el ámbito de la contabilidad durante la temporada baja no estaba dando los resultados esperados. Mi familia acababa de realizar una mudanza importante de Georgia a Utah y nuestras finanzas estaban llegando a límites peligrosamente bajos. La presión del desempleo y la incertidumbre del mañana me abrumaban, cuando recibí el ejemplar de la revista Liahona de julio de 2009 y leí el artículo titulado “El ir más allá de los anuncios clasificados laborales”. Al leer el artículo sentí que el Espíritu me guiaba a buscar un Centro de Recursos de Empleo SUD y ver lo que podían hacer para ayudarme. Sin embargo, deje pasar el tiempo y me olvidé de aquella impresión.

Algún tiempo más tarde, mi esposa y yo decidimos ir a las Industrias Deseret a buscar muebles y otras cosas; decidimos convertirlo en una aventura familiar. Estando allí, nos fijamos en que había un Centro de Recursos de Empleo SUD y recordé la impresión que había tenido.

Al día siguiente allí estaba yo, hablando con una agradable hermana misionera que me ayudó a llenar un formulario de Evaluación y planificación laboral y me inscribió en un taller de autosuficiencia laboral de tres días que me ayudaría a mejorar mis técnicas para la búsqueda de empleo. Durante ese tiempo no cese en mi empeño por buscar trabajo. Dediqué horas a buscar en internet, a contactarme directamente con las personas y a establecer una red de contactos, pero nada parecía dar resultado y sentí que mi desempleo no iba a terminar en un futuro cercano. La semana antes de comenzar con el taller de autosuficiencia laboral, vi un puesto de contador en providentliving.org. La vacante acababa de salir ese mismo día. Regresé corriendo a casa, me vestí con un atuendo profesional y me apresuré a llegar a la oficina con un currículum vitae pulcro en la mano.

No pude encontrar a la directora de recursos humanos pero decidí esperar por si acaso regresaba. Pasado un tiempo una de las gerentes de facturación regresó con noticias interesantes. Me dijo que no había logrado encontrar a la directora pero que el director financiero vendría a conversar conmigo. Tuve una entrevista informal con él; tomó mi currículum vitae, lo revisó, me hizo unas pocas preguntas y luego se despidió pidiéndome que le facilitara unas cuantas referencias. No me hizo promesa alguna, así que regresé a la ardua tarea diaria de buscar empleo.

Al final de la semana recibí una llamada de la compañía para concertar otra entrevista para el mismo día en que empezaba el taller de autosuficiencia laboral. Eran buenas noticias porque saber que iba a tener una entrevista hizo que me tomara el taller muy en serio. Sabía que todo lo que estaba aprendiendo iba a poder ponerlo en práctica ese mismo día en una entrevista real. En el taller de autosuficiencia laboral aprendí la importancia de investigar la compañía, practicar las preguntas de las entrevistas, elaborar una declaración “Yo en 30 segundos” y muchas cosas más.

El élder y la hermana Asay, el matrimonio misionero que impartía las clases, se interesaron en forma personal en cada uno de nosotros. Estaban listos para responder nuestras preguntas y atender nuestras inquietudes, y les alegraba mucho conocer el progreso de nuestra búsqueda de empleo. Después del primer día en el taller, fui a la entrevista con una camisa blanca y una corbata, sintiendo un poco más de confianza gracias al consejo de la hermana Asay. La entrevista salió muy bien pero ninguna de las preguntas que me hicieron me dio la oportunidad de formular mi declaración “Yo en 30 segundos”. De hecho, todas las preguntas eran nuevas para mí. Por otro lado, impresioné al entrevistador al ir preparado con preguntas y enviarle más tarde una nota de agradecimiento. Estas cosas importantes las aprendí en el curso. Una vez más, la compañía no hizo promesa alguna pero me sentí bien con la entrevista. A la mañana siguiente fui al segundo día del taller de autosuficiencia laboral. El élder y la hermana Asay, junto con el élder y la hermana Whitaker, mostraron interés por saber cómo me había ido en la entrevista. Les dije lo que había sucedido y todos tenían mucha esperanza en mí. Al final de la clase de ese día busqué el consejo experto de los Asay. Quería saber si debía hacer el seguimiento ese mismo día y, en caso afirmativo, como debía proceder.

Me aconsejaron que aguardara un par de días y luego verificara con la compañía. Al final de la clase, al comprobar mi buzón de voz, constaté que la compañía ya había hecho un seguimiento conmigo y querían que volviese para tener una segunda entrevista. El problema era que esta segunda entrevista iba a tener lugar la semana siguiente y el dueño de la compañía iba a estar presente. Tras completar el taller de autosuficiencia laboral, los Asay y los Whitaker me pidieron que volviera para hacerles saber el desenlace de la entrevista y les prometí que les daría un informe completo.

Mientras tanto, empecé a prepararme para la entrevista. Utilicé las computadoras del Centro de Recursos de Empleo para investigar más a fondo tanto a la compañía como a su dueño. También usé uno de los folletos que me habían dado los Asay para practicar respuestas a las preguntas de la entrevista.

Cuando llegó el gran día, había practicado todas las preguntas del folleto, sabía mucho acerca de la compañía y tenía preparado un buen número de preguntas. Hasta llevé conmigo tres notas de agradecimiento porque no estaba seguro de cuántas iba a necesitar.

Llegué a la entrevista con 10 minutos de antelación y, tras una breve espera, me recibieron en la oficina del dueño. Me entrevistaron tres personas: el dueño, el vicepresidente de facturación y el vicepresidente de sinergia. La primera pregunta fue: “Háblenos de usted. Díganos por qué eligió esta compañía y qué puede hacer por ella”.

Casi cada pregunta que me hicieron estaba en el documento del élder y la hermana Asay o era tan parecida que podía contestarlas utilizando lo que había practicado. En un momento uno de los entrevistadores me preguntó si había estado practicando. “Sus respuestas son muy refinadas”, me dijo. Al salir del despacho escribí una nota de agradecimiento para cada uno de los tres entrevistadores. Hacia el final de la entrevista el dueño me había dicho que tardarían una o dos semanas en ponerse en contacto conmigo, pero tras entregarles las notas de agradecimiento recibí una llamada telefónica y una oferta oficial en menos de 48 horas. El lunes siguiente empecé a trabajar para la compañía y después de un tiempo en ella ascendí a un puesto de liderazgo y recibí un aumento de sueldo.

Para mí es evidente que el Señor me ha acompañado a lo largo de todo este proceso. Él me guió al centro de empleos y a los misioneros que me prepararon para tener éxito. Yo atribuyo todo esto a las entrañables misericordias del Señor y a los útiles consejos que recibí en el centro de empleos. 

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